CENTENARIO DEL FALLECIMIENTO DE BARTOLOMÉ MITRE
El centenario de Mitre
COPIADO DEL EDITORIAL DE lA NACIÓN DE BUENOS AIRES DEL 19 ENERO 2006
LA historia de la Argentina fue escrita con sangre, con pasión, con ideas, con heroísmo, con sentimiento, con imaginación. Pero fue escrita también con ejemplos y actitudes traducibles en conductas cotidianas, con esos gestos serenos de dignidad moral y de construcción cultural, que son estratégicamente necesarios para organizar el entramado de una sociedad civil fundada en la convivencia pacífica y en el respeto irrestricto a la libertad y a la dignidad de la persona humana.
Mitre -a quien hoy los argentinos evocamos en el primer centenario de su muerte- estuvo en todos esos frentes de combate: participó en las ardorosas luchas épicas que se libraron en defensa de la libertad, pero fue también actor y protagonista en esas otras batallas -más silenciosas- que un estadista le debe a su pueblo a la hora de construir sus grandes instituciones civiles. No rehuyó ninguna responsabilidad: fue soldado aguerrido cuando hubo que hacer frente a las tiranías oprobiosas que trataban de perpetuarse en América, pero fue también el estadista lúcido y sereno que los tiempos reclamaban cuando llegó la hora de gobernar a la Argentina con auténtico espíritu republicano y de llevarla a una senda sostenida de progreso y estabilidad constitucional.
Fallecido en Buenos Aires el 19 de enero de 1906 -hoy se cumple exactamente un siglo-, Mitre ocupa un lugar singularísimo en la vida nacional. Fue, a lo largo de su fecunda y prodigiosa vida, presidente de la República, gobernador de la provincia de Buenos Aires, legislador, militar, político, periodista, escritor, historiador, intelectual, hombre de consulta y de doctrina. En cada una de esas actividades logró escribir páginas memorables para la historia de su país y también para la consolidación de los valores morales que alimentan el crecimiento espiritual de una Nación. Podría decirse, extremando el espíritu de síntesis, que Mitre fue el exponente de un humanismo civilizador que iluminó el camino de nuestro pueblo en las más distintas direcciones. Cuando murió, a los 85 años, el país no dudó de que había perdido a un gran hombre de Estado. Pero sintió también que estaba despidiendo a un argentino que había dignificado la convivencia cotidiana, a ese transeúnte amable y sereno que brindaba todos los días en las calles de Buenos Aires, con mínimos gestos, una lección de sencillez republicana, de respeto a lo más esencial del espíritu ciudadano.
Para LA NACION, fundada por Mitre en 1870, el aniversario que hoy se celebra tiene un significado particularmente entrañable. A lo largo de sus 136 años de vida, este diario ha intentado guardar la más completa fidelidad al ideal y al pensamiento de su fundador. Mitre concibió a LA NACION como una "tribuna de doctrina" y esa expresión -consignada en el editorial que él mismo escribió en el número uno, titulado "Nuevos horizontes"- ha tenido y sigue teniendo la fuerza de un mandato moral al que nuestro diario no podría renunciar sin traicionar su propia esencia.
Hoy los lectores de LA NACION reciben, junto con el ejemplar del día, gratuitamente, un número aniversario de 86 páginas titulado "Bartolomé Mitre: un siglo de vigencia". Se trata de un suplemento especial que incluye artículos firmados por distinguidas personalidades de la vida cultural y del periodismo de la Argentina. A través de esos artículos se ha pretendido evocar al prócer en su personalidad admirable y multifacética.
La Argentina ha transitado varias etapas históricas. Si se mira en perspectiva el camino recorrido desde el 25 de mayo de 1810 -el día inaugural y glorioso cuyo bicentenario estaremos celebrando en 2010- está claro que el país alcanzó su máximo esplendor en los años que siguieron a su definitiva organización constitucional. En ese sentido, el ciclo de las llamadas presidencias históricas -iniciado por Mitre en 1862 y continuado por Sarmiento, Avellaneda y Roca- marca un momento particularmente afortunado. La República Argentina alcanzó durante esos años un ritmo de progreso espiritual y material que fue señalado en todo el mundo como un ejemplo admirable de estabilidad institucional y de construcción de una genuina tradición republicana.
Al evocar a Mitre en su centenario, nada mejor que trabajar por un país que avance -con la misma firmeza con que avanzó la Argentina presidida por él-hacia un horizonte de progreso y libertad.
En momentos en que América latina es tentada por diferentes propuestas políticas, algunas tan extravagantes como peligrosas, los argentinos deberíamos tomar en cuenta más que nunca el ejemplo de quienes, como Mitre, hicieron de la Argentina, en su momento, una nación respetada por sus altísimos índices de estabilidad, credibilidad y responsabilidad institucionales. El espejo de la historia no miente: mirémonos en él y obremos en consecuencia.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/773409
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