EL GAUCHO SEGUN JORGE L.BORGES
10 de NOVIEMBRE
DIA DE LA TRADICION
El 10 de noviembre ha quedado instituido desde 1939 como Día de la Tradición en homenaje al nacimiento del escritor argentino José Hernández, autor del Martín Fierro, obra cumbre de la literatura gauchesca, y defensor del arquetipo originario de la argentinidad: el gaucho.
El 10 de noviembre de 1834, en la Chacra de Pueyrredón, Buenos Aires, nació José Hernández.
Su vida quedó marcada con el tiempo que pasó en la pampa. Allí comenzó a delinear lo que sería su obra cumbre: "Martín Fierro", cuya primera edición es del año 1872. En 1878 le siguió "La vuelta de Martín Fierro", la segunda parte del que sería, sin duda, el poema nacional argentino. Desde su aparición, sedujo tanto al público de los altos niveles literarios como a la sencilla gente de campo. Fue traducido a muchos idiomas, entre ellos al inglés, al guaraní, al lituano, al checo y al ruso. Pero lo más significativo de la obra es que se constituyó en un dato axial de la identidad argentina.
Tanto es así, que el 10 de noviembre fue establecido, a modo de sincero homenaje, como el Día de La Tradición.
Pocos años después, en 1886, nació en San Antonio de Areco, otro exponente de la literatura gauchesca: Ricardo Güiraldes.
La obra que lo llevó a la inmortalidad fue su Don Segundo Sombra, editada en 1926. En las afueras de la ciudad le han dedicado el Museo Gauchesco, y además, esta localidad bonaerense se viste de fiesta el 10 de noviembre de cada año convocando a los gauchos de toda la zona, que participan en vistosos desfiles y espectáculos folklóricos.
El gaucho
Hijo de algún confín de la llanura
Abierta, elemental, casi secreta,
Tiraba el firme lazo que sujeta
Al firme toro de cerviz oscura.
Se batió con el indio y con el godo,
Murió en reyertas de baraja y taba;
Dio su vida a la patria, que ignoraba,
Y así perdiendo, fue perdiendo todo.
Hoy es polvo de tiempo y de planeta;
Nombres no quedan, pero el nombre dura.
Fue tantos otros y hoy es una quieta
Pieza que mueve la literatura.
Fue el matrero, el sargento y la partida.
Fue el que cruzó la heroica cordillera.
Fue soldado de Urquiza o de Rivera,
Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.
Dios le quedaba lejos. Profesaron
La antigua fe del hierro y del coraje,
Que no consiente súplicas ni gaje.
Por esa fe murieron y mataron.
En los azares de la montonera
Murió por el color de una divisa;
Fue el que no pidió, ni siquiera
La gloria, que es estrépito y ceniza.
Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada
Penumbra del galpón, sueña y matea.
Mientras en el oriente ya clarea
La luz de la desierta madrugada.
Nunca dijo: Soy gaucho. Fue su suerte
No imaginar la suerte de los otros.
No menos ignorante que nosotros,
No menos solitario, entró en la muerte.
Jorge Luis Borges
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